miércoles, 4 de julio de 2012

Capitulo 1

(1)

      ¿La soledad es una maldición o solo un estado de ánimo?, uno en realidad nunca está solo, siempre se está rodeado de personas, aunque uno no lo ve así.

      A mí me gusta la soledad, al estar solo tienes tiempo de reflexionar, pensar en tus buenos o malos actos del día, recordar los pasajes de tu vida, revivir sensaciones y reírte con ello o lastimarte hasta llorar desconsoladamente; si, disfruto de la soledad, pero con el pasar de los años, aquel estado que me tranquilizaba, ahora me ahoga... me hace querer volver al pasado, cuando compartía mi vida con alguien, cuando tenía una familia, cuando había un propósito por el cual levantarse en la mañana, pero es imposible. Mi vida ha cambiado radicalmente, la soledad me ha consumido, recibo llamadas de mi familia pero no las contesto, cada mes recibo una carta, cada una igual que la otra; saludos de mi madre, contándome todo lo acontecido en la familia, un cheque con la firma de mi padre y una nota adjunta con el mismo mensaje que el anterior: “Para mi amada hija. A pesar de no verte ni escucharte, siempre estas presente. Te extraño.”, me dolía el leer esa nota, pero mi orgullo me impedía el contestarla y lo único que hacía era tragarme el nudo en la garganta y guardar la carta en el cajón de mi escritorio bajo llave.

      Cada día es más deprimente que el anterior, hay veces que me pregunto si vale la pena el seguir sufriendo, si vale la pena seguir viviendo así. No hablo de suicidio, hablo de cambiar mi forma de vida, pero el suicidio siempre ha sido una opción, de todas formas, ¿alguien notaria mi ausencia?, ¿Notarían la falta del fantasma que recorre las calles durante el atardecer?, la desconocida que ronda por los jardines cortando las rosas, aspirando su aroma y lastimando sus manos con las espinas ¿seria extrañada?, nadie lloraría, no sufrirían, a nadie le importaría, nadie se enteraría, sería un secreto entre las paredes de mi recamara y la navaja que sostenía en mi mano…
      El filo de la navaja me estremecía, sentía el pulso de mi muñeca, me extasiaba el pensar como mis sabanas se teñirían de rojo lentamente. Aquel sentimiento sicótico me hacia el restregarla en mi muñeca, un profundo silencio inundo la habitación, mi corazón latía fuertemente, me veía a mi misma muriendo lentamente en un mar carmesí, flotando plácidamente, mirando el cielo esperando la muerte, pero el miedo me invadió, a pesar de desear la muerte, me aterraba, no era una opción, no estaba dispuesta a morir aun, no aun no… Quite la navaja de mi muñeca, había hecho un corte, pequeñas gotas de sangre recorrían mi antebrazo, guarde la navaja bajo llave, en el mismo lugar que las cartas, me recosté nuevamente, apoye mi cabeza sobre mi brazo y trataba de dormir mientras miraba el corte de mi muñeca y la sangre difuminada…


-     No aun no…

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