sábado, 7 de julio de 2012

Capitulo 4


(4)


      La frescura del viento nos hiso estremecer, ambos nos miramos y el sonrió. No sabía cómo contestar ante esa sonrisa, esa manera tan… alegre de tomar las cosas, como de una manera despreocupada. Su mano aun estaba sobre la mía; cálida y suave. Era una sensación tan buena, una que no sentía desde hace ya mucho tiempo.

-creo que ahora estarás mejor, aun que me digas lo contrario
-ya lo creo, ahora me retiro
-¿Por qué tanta prisa?
-eso es algo que a ti no te incumbe
-sí, eso creo pero me gustaría hablar contigo…
-¿Por qué razón?
-no lo sé, creo que como eres la única persona que conozco que visite este lugar, creo que me da curiosidad el saber cómo es que diste con ellos…
-no es gran cosa, los encontré por casualidad y al ver que siempre estaban solos los frecuentaba….
-¿te gusta estar sola?
-si…- susurre bajando la vista…
-hum… supongo que en algún momento a todos nos gusta estar solos…
-ya lo creo- murmure divertida
-dijiste “frecuentaba”, ¿es decir que ya no volverás?
-¿Por qué no habría de?
-supongo que porque ahora sabes que hay más personas que los frecuentan…
-Es una molestia, pero tratare de ignorarlo.
-dirás “tratare de ignorarte”…
-si lo quieres ver de esa forma, no es mi problema.

      No contesto ante mi comentario, únicamente rio por lo bajo y fue a sentarse debajo de un sauce que parecía salir de uno de esos viejos edificios. No me había percatado hasta el momento en que se sentó, de que llevaba consigo el estuche de un violín. Saco delicadamente el instrumento y, sin tomarle importancia a mi presencia, comenzó a tocar.

      La melodía inundo el lugar y lo envolvió bajo una sensación de melancolía inexplicable. El errático borboteo de la fuente paso a ser un segundo plano de la música. Me quede inmóvil, casi sin respirar; tratando de no interrumpir con mi respiración la melodía. El tenía los ojos cerrados. Sus dedos se desplazaban con agilidad y elegancia sobre el instrumento. Abrió los ojos y me miro. Quede absorta en su mirada, como antes. La lluvia se interpuso entre nuestras miradas. Suavemente pero en abundancia las gotas resbalaron por mi cuerpo y comencé a empaparme. Corrí hacia donde él estaba y me refugie bajo la abundante vegetación del árbol. Como si no estuviera ahí, el continuo tocando.
     Los minutos pasaron. La lluvia continuaba suave y abundante. Comencé a recoger mi cabello húmedo, cuando el termino de tocar.
-Vaya… está lloviendo…
-¿en serio?
-si… pensé que habías corrido hasta aquí para estar con migo y escuchar mejor mi canción…
-si claro.
-lo sabia- dijo en tono divertido.

     El silencio nos rodeo y la lluvia pareció haber enmudecido. Fue un momento relajante. Estaba recargada en el tronco del árbol. Hubo un momento en que el me miro, no dijo nada, pero insinuó el que me sentara. Yo lo ignore y me quede de pie; de lo cual me arrepentí momentos después cuando el frio me comenzó a torturar.
-Por qué no te sientas, ¿estaríamos mejor no lo crees?
-Hum…-dude por un momento, pero al fin me senté junto a él. Tenía un olor exquisito. Recordé el momento en que quede sobre él en la calle. Creo que fue su olor el que me dejo atontada. El dio un suspiro y se abrazo temblando un poco. Reí por lo bajo y cruce los brazos sobre mi pecho. Por un momento pensé en acercarme más a él, pero volví a mis cabales y cruce mis brazos antes de hacer una tontería.

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