(5)
Mi mente divagaba. Abrazada a mi pecho veía las gotas estrellarse contra el suelo. Me encantaba la lluvia. Desde pequeña gustaba de salir a chapotear y bailotear con la cara hacia el grisáceo cielo; sintiendo la frescura del agua recorrer mi rostro, simple y pura, saboreando con mi lengua aquellas lagrimas dulces que las nubes me regalaban y me hacían sonreír. Ahora no era tan distinto… aun gustaba de salir a mojarme bajo esa cortina trasparente y fría; ya no bailoteaba ni miraba hacia el cielo, ya no sonreía. Mi rostro sentía las gotas recorrerlo y aquellas dulces lagrimas se mezclaban con las propias; y al llegar a mis labios sabían como el vino. Un vino bastante amargo.
-¿sigues aquí?
Regrese y voltee a ver a mi acompañante.
-¿No me ves?
-Te veo, pero no te siento…
-Yo tampoco…- susurre bajando la vista.
A su lado tenía el estuche de su violín. Una de las esquinas estaba tallada. Rodee con mi dedo el tallón, simple curiosidad creo yo…
-A causa tuya…- levante la vista y ahí estaba la suya, profunda y grisácea. Como el cielo.
-Cuando vi que te precipitabas hacia mi tuve que soltarlo para parar la caída. Pero fue demasiado el impulso y caí también.
-Supongo que debo pedirte disculpas… espero que no se halla dañado.
-Naaa, no me paso nada. Solo fue el susto, pero nada más. Gracias por preocuparte.
-Me refería al violín…
-Ahh… No, no le paso nada. Solo el tallón del estuche…
Sus despreocupados comentarios me llenaban de una extraña sensación. Mi dedo aun acariciaba la textura desgastada del estuche hasta que me tope con la suavidad de su mano. Aparte la mía como si una descarga me hubiera pasado por el dedo hasta llegar a mi pecho.
-¿Por qué temes al contacto humano?
-No le temo…
-Claro que le temes. Al caminar por las calles lo haces con tal delicadeza de forma que no toques ni cruses mirada con alguna persona. Te hundes en la música de tus audífonos e ignoras a todo ser viviente… ¿Por qué?
-¿Cómo puedes decir eso? Ni siquiera me conoces…
-No caíste sobre mí por casualidad. Te observaba desde el cruce de la calle.
-¿Disculpa…?
-Llamaste mi atención. Por alguna inquietante razón no perdí vista de tus movimientos… hasta que quedaste sobre mí…
-…
-No, no te conozco pero pude percibir eso solo con verte. Ahora imagínate lo que pude ver cuando me miraste a los ojos. No te conozco, pero me gustaría hacerlo.
-No le temo…
-Claro que le temes. Al caminar por las calles lo haces con tal delicadeza de forma que no toques ni cruses mirada con alguna persona. Te hundes en la música de tus audífonos e ignoras a todo ser viviente… ¿Por qué?
-¿Cómo puedes decir eso? Ni siquiera me conoces…
-No caíste sobre mí por casualidad. Te observaba desde el cruce de la calle.
-¿Disculpa…?
-Llamaste mi atención. Por alguna inquietante razón no perdí vista de tus movimientos… hasta que quedaste sobre mí…
-…
-No, no te conozco pero pude percibir eso solo con verte. Ahora imagínate lo que pude ver cuando me miraste a los ojos. No te conozco, pero me gustaría hacerlo.
No podía soportar sus palabras. Tenía razón, pero no quería escucharle. Me levante y sin decir nada me encamine a los callejones; tenía que salir de ahí. El contacto con la lluvia me hiso estremecer. Por mis mejillas corrían las dulces lágrimas. No tardarían en convertirse en un amargoso vino…
-¡Espera!... por favor
Me volví y le vi encaminarse apresurado hacia mí. Quede inmóvil y le espere.
-Te olvidas esto… - Tomo mi mano y en ella puso la rosa que había cortado, envuelta delicadamente en un pañuelo.
-Así no te lastimaran las espinas- Sonrió.
Me volví y le vi encaminarse apresurado hacia mí. Quede inmóvil y le espere.
-Te olvidas esto… - Tomo mi mano y en ella puso la rosa que había cortado, envuelta delicadamente en un pañuelo.
-Así no te lastimaran las espinas- Sonrió.
Las gotas recorrían su rostro y caían dibujando sus
rasgos; dibujando esa delicada y simple sonrisa. Le mire a los ojos y como si
viera al cielo exprese mi gratitud.
-G-gracias…-
-¿Puedes decirme tu nombre?
-Sofía…
-Sofía… mi nombre es Damián
Sentía la calidez de su mano sosteniendo la mía. Sensación contrastada con el frio de las gotas recorriendo nuestros cuerpos. Cerré el puño sobre la rosa, di media vuelta y me fui. Mientras caminaba en la angosta callejuela pude escuchar su melodía. Melancólicas notas arrulladas con la lluvia y mis pasos. Sentimientos se agolpaban en mi pecho. Saboreaba el dulzor de la lluvia, esperando a que se convirtiera en amargura; pero no saboree aquel vino amargo ese día.
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