(8)
El brillo artificial de la luz me encandilo. Ante
mi se deshacía la oscuridad, cayendo como trozos de telas rasgados por manos
invisibles, así comencé a ver la
habitación. Sus paredes se vestían con un color pergamino, lo que le hacia
tener un aspecto antiguo. Era una habitación sencilla, en una de sus paredes se
levantaba un enorme librero repleto, en ese momento morí por ver los títulos en
los lomos de distintos colores. Un par de sillones le daban un aire
confortable, sillones blancos con unos cojines negros, una mesita enfrente
donde había un jarrón con rosas blancas. En verdad se sentía confortable. El
aun seguía en la puerta; sentía su mirada clavada en mi espalda, me incomode un
poco y voltee a verlo... sonreía
-¿te gusta?
-Esta bien... pero estoy mojando tu piso...
mire a mis pies y vi un charco que me parecía que crecía a cada momento... quizás exageraba
-No te preocupes... igual, yo también lo estoy mojando... ven...
Me tomo de la mano de nuevo y me condujo a través de la habitación, cruzamos una puerta y llegamos a la cocina...
-Quítate tu gabardina y ponla sobre aquella rejilla- me dijo mientras se quitaba la suya
-Te preparare un té...-
mientras el revisaba su alacena, yo trataba de quitarme la gabardina, aun que dude al ver mi blusa transparentada...
-¿Estas bien?
-eh?... si, solo que... -diablos...
-Mira... a lado del librero hay una escaleras, supongo que las viste... sube y la segunda puerta a la derecha está mi habitación, puedes tomar una sudadera o lo que quieras para ponerte y quitarte esa ropa mojada... no te preocupes... yo estaré aquí, no soy esa clase de persona...- dijo bajando la mirada
-de acuerdo... confiare-
Di media vuelta y me dirigí a donde me había indicado, en realidad no me percate de las escaleras; eran de hierro forjado en forma de caracol, odiaba esa clase de escaleras... Subí y como dijo, la segunda puerta a la derecha estaba una gran habitación. Enfrente de la puerta había un ventanal, poblado de enredaderas, como si no lo hubieran abierto en mucho tiempo, di un vistazo y había una vista completa de los jardines; ahora entiendo porque los frecuentaba, pero ¿como nunca antes nos habíamos visto? Di la espalda al ventanal y mire a mi alrededor, todo perfectamente acomodado, era como si no viviera ahí... había varias repisas y un tocador grande; la habitación estaba un poco oscura, me agradaba. Dejando a un lado mis pensamientos, me dispuse a indagar y buscar algo que ponerme, abrí el closet y vi varias camisas, sacos, trajes, gabardinas, un buen guardarropa... pero no vi nada deportivo. Saque una de las camisas, las más gruesa que encontré, me saque la ropa y seque lo mas que pude mi cuerpo y mi pantalón, me lo puse y seguido la camisa. Colgué la ropa en una rejilla parecida a la que me dijo en la cocina y baje... Olía muy bien, un olor a canela y algo de clavo... exquisito.
-Lista... esta servido...- dijo asomándose por la puerta de la cocina
-Gracias...- Fui y tome mi taza. El estaba sentado en el desayunador, le mire dando un sorbo a su te y levanto la mirada...
-Es raro el tener a alguien aquí...
-¿raro?...
-Si... siempre eh estado solo en esta casa... ahora que lo pienso, bastante solo
-En eso nos parecemos... mi casa es igual de solitaria y fría...
-¿alguna vez pensaste en cambiar eso?
-No, no en realidad...
Baje la vista y mire el rosado color de mi te. Sentía el calor del vapor en mi rostro y la sensación de la condensación... como si fueran a surgir lágrimas...
-No te pongas así... - sentí su
mano en mi mejilla. Levante mi rostro y vi el suyo a poca distancia del mío. -
así decidimos pasar nuestra vida y es de una forma muy dura, pero por algo así
lo hicimos.
-S-si...
-S-si...
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