miércoles, 11 de julio de 2012

Capitulo 6


(6)
     La noche se desplegaba lenta y silenciosamente. Miraba con detenimiento el techo de la habitación, el murmullo de la lluvia era relajante, hipnotizante. Divagaba mi mente en un sin fin de cosas; cosas quizás sin sentido, preguntas sin respuesta... nada.

      Se rompió el silencio. Tres campanadas que resonaron en la soledad y vacío de mi hogar. Voltee a ver el reloj sobre mi buro, el brillo metálico de las manecillas capto mi atención por como la luz artificial de las calles se reflejaba en ellas y las prendía de una manera especial, fría e inerte. Sin embargo, una rosa marchita tomo esa luz convirtiéndola en esencia de muerte sobre un pañuelo ensangrentado. En mi mente se agolparon los recuerdos de la tarde del día anterior, simple en su momento pero especial de cierta forma. Mirando aquellas formas rojisas difuminadas sobre el pañuelo, apreté mi mano y una punzada de malestar recorrió mi brazo. Una ligera sonrisa se dibujo en mi rostro; una ligera satisfacción bañada en dolor.

      El techo de mi habitación me era desconocido, los rayos opacos del sol despuntaban por mi ventana y hacían resplandecer las manecillas que de una manera sistemática marcaban el paso de mi agonizante vida. Otra noche sin dormir...

      Otro día de rutina... Al abrir la puerta de mi hogar me sorprendió ver el difuminado de color a través del grisáceo tornasolado de las nubes, de una manera alucinante. Las gotas caían rítmicas mientras que el sol las convertía en diamantes coloridos, tratando de alguna forma opacar el gris en el cielo... como el querer opacar la tristeza de la mirada con una sonrisa... inútil.

      Trazaba mi camino por las calles, refrescando mi rostro con la suave lluvia, caminaba con la música de Apocalyptica en mi mente... distraída, caminaba por el camino al que mis pies me guiaran. Una parte de mi sabia a qué lugar llegaría y fue comprobado cuando el aroma a olvido y la esencia de la soledad me rodeo. Aparte los audífonos de mis oídos; aquellos tonos de violoncelo fueron remplazados por un tono melancólico y delicado de un violín... su violín. Como una ilusión; su figura ensombrecida y opacada por el caer de ese dulce vino interpretaba una canción que le provocaba una sensación moribunda a mi corazón. Era fascinante el traer ese contraste de sentimientos en el pecho, esa sensación de vida que el mismo tiempo te hace desear el morir... ¿Por qué?... no lo comprendo aun.

      El frescor de la lluvia recorría mi rostro; cerré mis ojos y deje que mis labios y boca saborearan el frescor. La música paro. Abrí los ojos y le mire... Su rostro apacible, su mirada brillante y profunda junto a aquella sonrisa inocente me hicieron olvidar ese contraste y solo dejo ese sentimiento de vida, alegría... calidez.

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