domingo, 22 de septiembre de 2013

Capitulo 13




(13)
     El trinar de los pajarillos al filo del ventanal me hizo abrir los ojos. El reloj marcaba las 8, la tenue luz del amanecer difuminaba las tinieblas de la habitación. El silencio era arrullado por su calmada respiración... 
     Dormía plácidamente, su rostro reflejaba tranquilidad; esas definidas facciones me parecían hermosas con esa luz del nuevo día. Me acerque a él y recosté sobre su pecho desnudo. Escuchaba claramente el latido de su corazón. Cerré mis ojos y me entregaba a un dulce suspiro; lleno de todos los recuerdos de la noche anterior.

      Sentí su mano acariciar mi espalda desnuda, levante la vista y ahí estaba su mirada, esa mirada que tanto amaba...

-Buenos días...
-Buenos días...
-¿dormiste bien?
-Dormí como no dormía hace mucho tiempo...
-Eso me alegra...

      Se movió un poco y paso sus brazos a mi alrededor, el tacto de su cálida piel era... inexplicable; no sabría el explicar lo que me provoca, lo que todo el me provoca. Tan solo el sentirlo cerca me hace sentir tan bien. La primera vez que toque sus labios; un sentimiento que me envolvió, que me adormeció por completo, sentir sus brazos estrechándome, percibir su aroma... Todos esos detalles complementaban mi vida...
-Sofía...

-mm?

-Te quiero...

-Yo... yo también te quiero...

-¿Suena extraño no? como de locos...

-¿Cómo?

 -Si... es decir, que un extraño te diga que te quiere, porque en realidad eso somos... unos extraños; aun que después de lo que pasamos, es decir, no sé cómo explicarte... Tú, tienes algo, algo que...

Puse mis dedos sobre sus labios haciéndole callar. Entendía lo que decía, ya que yo me sentía igual, pero después de todo... nunca me sentí muy cuerda que digamos...

-Entiendo lo que dices y si, tal vez estemos locos, pero quiero compartir esta locura contigo. Te quiero para mí. No quiero estar sola, y si para lograrlo debo estar con un extraño, bueno he decidido que tú serás ese extraño... ya tendré tiempo para conocerte mejor.

     Sonreí, tratando de contener la amargura encerrada en mí. Noté en su mirada un ligero resplandor, algo que me dejó ver por un segundo un sentir de preocupación, de duda quizás, pero no le di importancia, ya que seguro era el reflejo de mi propio sentir. 

     Tras un momento de mirarnos en silencio, nos besamos dulcemente ante el arrullo de las aves. Bajo esa luz del amanecer un nuevo día en mi vida comenzaba; sentía que era mi despertar de una vida de soledad y oscuridad. 

Ese extraño era mi luz, y le entregaría lo que yo era,
Mi corazón, mis pensamientos, mis demonios, todo de mi...
Aunque sonara como la mayor locura y como la acción más desesperada de una pobre desdichada.

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