domingo, 22 de septiembre de 2013

Capitulo 20

(20)



"Un sentimiento de lejanía me inundo de pronto...

Tomo esta pluma y comienzo a escribir por impulso, para ti...

Intento plasmar tantas cosas, hacerte saber que eres alguien tan importante en mi vida pero las palabras no me alcanzan para describir este sentimiento, lo que siento al mirarte, besarte, abrazarte.

Te amo.

Encuentro mi mundo en tu mirada y en tu sonrisa la luz que me ilumina.

En ti encuentro todo lo bueno de mi vida; la razón de mi sonrisa, mi bienestar. Eres todo eso y más; dueño de los detalles que me hicieron amarte, atesorar los recuerdos y soñar con un futuro estando a tu lado.

Pero por alguna razón siento que ese futuro es un sueño vagabundo y que, después de todo. el miedo al final se hará realidad. Tengo miedo. Porque no creí que pudiera llegar a sentirme así; por la forma como soy, mi forma de pensar, mi forma de sentir. Creí ser lo suficiente mente fría para librarme de este sentimiento; la verdad es que. lo deseaba y escudaba tal deseo con la soledad y el frió de mi pensar.

Llegaste y rompiste esa maraña de pensamientos. Con tu sonrisa, tu mirada, besos y caricias; simplemente tu. Ciertamente un desconocido, pero llenas mi vida y agradezco el día en que caí sobre ti en la acera y me perdí en tu mirada y tu sonrisa.

Antes de conocerte me invadía un pensamiento de muerte, de querer llegar al final; ahora quiero vivir, más que nada vivir a tu lado, amándote... Estoy lista para vivir..
."


... La soledad inundaba el ambiente. Un viento ligero y misericordioso refrescaba el cansado rostro de un joven que miraba el atardecer. Su mirada estaba perdida, como si buscara algo en esa combinación de colores que se opacaban cada vez más con la próxima oscuridad. Sostenía en sus manos un trozo de papel arrugado y rasgado; manchado en una de sus orillas con un color carmesí. La delicada caligrafía parecía desvanecerse con el viento de no ser que el joven se aferraba a ese trozo de recuerdo.

      Miraba con detenimiento el horizonte. Titubeando, bajo la mirada al suelo. Un mármol frió y blanco finamente tallado de forma sencilla; desprendía silencio y soledad. Sobre esa placa descansaba una solitaria rosa, delicadamente colocada sobre las letras talladas. El joven miraba en silencio; respiraba calmado... ahogando el llanto.

-Tenias razón... El miedo al final se hizo realidad.

      El gélido viento se llevo las palabras y arrebato de sus labios la calidez que alguna vez le llenaron por completo. La oscuridad se plantó ante él y le rodeo delicadamente con su manto. Aquel joven parecía complacido por tal acto. Complacido de entregarse a la oscuridad. Regalando al último haz de luz una triste sonrisa que se delineaba con una solitaria lágrima.

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P.J.N.M
[Octubre sin Retorno]
2009

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