domingo, 22 de septiembre de 2013

Capitulo 19



(19)

    La imagen que se mostraba ante mis ojos era extraña, pensar que hace apenas un mes había pensado en terminar con mi vida y justamente al día siguiente había conocido a Damián.
::: Un mes :::
     Un octubre que había cambiado mi vida de una forma tan notoria. Por un impulso tome la pluma y comencé a escribir. Describir el cómo me sentía, había sentido y esperaba del futuro; Un escrito destinado, a diferencia de muchos otros que se perdían en la oscuridad y se volaban con el viento; mis cartas sin destinatario.

     El reloj marcaba el correr del tiempo... medio día... se me había hecho tarde.
 
     Tome un bolso que había preparado y la carta que acababa de escribir, la metí en mi bolsillo y baje las escaleras. Me pareció extraño no haberme topado con Lily, ¿en dónde estaría?. Busque en la sala, luego en la cocina. La última vez que había estado en casa, había dejado una pequeña ventana abierta, para que pudiera salir y entrar cuando quisiera, quizás estaba afuera, pero no había rastro de ella. Su plato estaba intacto, con comida aun en el...
-Se fue- Me dije a mi misma. Imaginando la mejor de las escenas para ella, sintiendo algo de tristeza.
Sin más que hacer, me colgué el bolso al hombro y salí de casa. Sintiendo la ausencia de la pequeña gata. Volvería luego a buscarla.
     El día se había despejado. Las calles estaban pobladas por caminantes casuales y aquellos que entraban y salían de las tiendas. Recordando lo acordado con Damián, entre a una tienda bastante conocida de vinos y comida gourmet. Había un par de parejas caminando entre los estantes charlando mientras buscaban sus compras. Mientras buscaba un buen vino para la comida escuche a una de las parejas hablar sobre algunos asaltos que se habían suscitado en la zona con violencia. Me sorprendió un poco y me dio ligera preocupación ya que siempre había sido una zona segura; preocupación que olvide cuando encontré la ultima botella de mi vino favorito. Pague en la caja y salí del lugar.

     Caminaba distraída jugueteando con la botella, soñando despierta. Cada vez que me acercaba a mi destino las calles se notaban solitarias, me pareció extraño al estar el día tan despejado e iluminado; igual no le di importancia y seguí mi camino. Llegue a los callejones y sentí el frescor combinado con el olvido en el rostro; escuchaba ya el borboteo de la fuente y tras ese sonido, el violín de Damián dándome la bienvenida cuando sentí que alguien me tomaba por la espalda.

      La botella se hizo añicos al estrellarse contra el suelo. Unos brazos me aprisionaban. Trataba de soltarme pero simplemente no podía. Luchaba, gritaba su nombre en esperanza de que me escuchara y viniera en mi ayuda. Mis gritos fueron callados al sentir el frío filo de un cuchillo en mi cuello.

-Silencio
me susurro al oído.
-¿qué quiere?
-Aun no lo se.
Sentía el filo restregarse contra mi cuello.
-Por favor... -con voz apenas audible, sofocada por el miedo, le suplique... -Por favor...
-Shhhh
-Por favor... toma mi bolso, mi dinero lo que quieras, pero... no me hagas daño.
     Las lágrimas empezaron a correr por mi rostro. Escuchaba las notas del violín, melancólicas y tan lejanas cada vez.

-Es una lástima que no me interese tu dinero o cualquier cosa que tengas.
-Por favor
-Es una pena que lo único que me apetece es tu vida



-¿Por qué? - Sollozaba



-Eres hermosa... me dan tantas ganas de rasgar tu garganta y ver como tu sangre brota, pero... no quisiera que tan delicioso cuello se viera de esa forma.



Un sollozo atravesó mi garganta y el frío del miedo lleno mi pecho



-Es una lástima pequeña, pero así es la vida, y tú, tu llamaste mi atención.



     Un calor sofocante lleno mi pecho, después un frió profundo. Me sentí liberada, gire bruscamente y le vi, con el cuchillo en mano tintado en rojo. Abrí los ojos lo más que pude, llena de rabia al ver como sonreía. Quise alejarme, dando traspiés pero me tomo del cuello y estrello contra la pared. De nuevo sentí ese calor en mi pecho pero ahora acompañado de un dolor punzante y profundo. Gemí, fue lo único que pude sacar de mi garganta, un gemido lastimero. Mis manos se aferraron al maldito, sollozando apretaba mis manos sobre el. 

-Que hermosa te ves

Me susurro mientras se alejaba de mí.

     Recargada en la pared, miraba la botella destrozada en el suelo y el vino derramado corriendo entre el empedrado; vi cómo se combinaba con un color oscuro que corría desde el lugar donde yo estaba. Sin fuerzas, caí y quede recostada en el suelo, sintiendo como el calor me abandonaba. 

     El sol se opacaba... El sonido de la fuente me arrullaba y la música de Damián se dejó de escuchar. Sentí como una gruesa y pesada lágrima corría por mi rostro. Miraba el final del pasillo, esperando. Lloraba sintiendo dolor y tristeza. Detrás de mí, sentía la presencia de aquel hombre, imagine su rostro sonriendo, satisfecho. "Maldito seas" grite, pero apenas fue un susurro, no tenía más fuerzas. Mis lágrimas surcaban mi rostro y acentuaron la sonrisa que dibuje al ver la silueta de Damián acercándose. Que felicidad. Esto termino.

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