domingo, 22 de septiembre de 2013

Capitulo 12



(12)
Una ráfaga de viento me hizo estremecer. La luna podía verse en lo alto... esa hermosa luna de octubre.

-¿tienes frió?
-Un poco... no traigo mi gabardina...
-Oh es verdad... ¿quieres que te la traiga?
-vamos... no me dejes sola
Me sentí tan... vulnerable. Todo este tiempo había estado sola y ahora no quería estarlo ni 5 minutos... al menos no sin él.
-De acuerdo vamos...

      Nos levantamos y tomo mi mano mientras cruzábamos el jardín. Nos paramos un momento y quedamos viendo la luna que nos iluminaba. Estaba hermosa. Sentí como su mano acariciaba mi rostro y sus labios tocando los míos. El calor que sentí opaco por completo el gélido viento. Su mirada se clavo en la mía, sonrió y beso mi frente...

-Te vi tan hermosa con esta luz que... me fue inevitable el no hacerlo.

      Confesó de un modo avergonzado... lo único que hice fue sonreír. Seguimos caminando y de un momento a otro me encontré de nuevo en esa sala tan reconfortante. Mientras el subió por mi prenda, yo indagué en su librero. Cuantos títulos se mostraban ahí, cientos de autores, algunos completamente desconocidos, pero me moría por leerlos.

Rompí el hilo de mis pensamientos cuando le oí bajar las escaleras.

-Aquí tienes...
-Gracias... - Le dije mientras me comenzaba a poner la gabardina
-Supongo que te vas...
-Si... es algo tarde - no muy convencida por ello
-De acuerdo...
Di media vuelta y fui a la puerta, como si supiera y huyera de lo que iba a pasar a continuación...

      Como el día anterior, sentí su mano aferrarse de la mía y detenerme antes de abrir la puerta. Esta vez no hubo palabras, tan solo el gesto de su brazo llevándome a él y sus labios presionándose dulcemente contra los míos. Fue tan repentino, pero de alguna forma lo esperaba... lo deseaba.

      Mis brazos rodearon su cintura, los suyos me rodeaban y acercaban a su cuerpo. El suave movimiento de nuestros rostros se prolongaba, se memorizaba e intensificaba. Sus manos se movían lentas por mi espalda, fueron subiendo poco a poco a mis hombros y con un gesto suave y elegante saco mi gabardina. Mis manos se movieron suaves sobre su pecho, sintiendo por un momento el latir de su corazón. Sentí la puerta detrás de mí, estaba recargada en ella mientras tomaba entre mis manos su rostro, le mire...
Sus labios acariciaban mi cuello, el movimiento de sus manos contorneaba mi cuerpo. El calor me empezaba a sofocar. Sentí sus manos desabotonando mi blusa, poco a poco, la desabotono por completo; el sentir sus manos recorriendo mi estomago me hiso estremecer. Lo recorría delicado, subiendo poco a poco hasta mis pechos, siguiendo a mis hombros, hasta bajar y despojarme de la blusa de seda. Besaba mi cuello, mis hombros... el calor aumentaba y mi respiración se entrecortaba...

La luz de la luna iluminaba la habitación, por esa ventana atestada de enredaderas se lograba filtrar un poco de esa nívea luz. Los besos sobre mi piel se desarrollaban dulces y suaves. La suavidad de las sabanas no se comparaba con la de su piel ni sus labios. Mis manos se perdían en su espalda, mi cuerpo se movía con él. Estaba impregnada en su aroma. Lo sentía en cada parte de mi cuerpo, en cada rincón de mi mente.

:::: Me quedaba sin aliento mientras besaba con pasión sus labios, su cuerpo. ::::


:::: Entregaba cada centímetro de mi piel a su deseo, a las caricias de sus manos;

recorriendo mis piernas, mi vientre, mis pechos, mi rostro. ::::


:::: Era suya y el era mío. ::::


:::: Unidos en un momento en que el tiempo se hizo añicos, en que nuestros cuerpos fueron uno; las sensaciones perdieron sentido y lo etéreo y físico se unieron y deshicieron... ::::

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